Al elegir suelos de madera para deportes, se suele comparar el roble nacional con el arce importado.

El roble (roble mongol) es duro (aproximadamente 1200 lbf en Janka), tiene una veta gruesa y es asequible, lo que lo convierte en una opción común en el mercado nacional de gama media. Sus ventajas residen en la abundancia de recursos, el suministro estable y un rendimiento fiable tras un tratamiento adecuado, lo que lo hace adecuado para recintos de competición de menor nivel, como escuelas y gimnasios comunitarios.
El arce norteamericano, por otro lado, es aún más duro (1450 lbf), tiene un color uniforme y una textura fina, ofreciendo una absorción de impactos superior y una consistencia en el rebote de la pelota, lo que lo convierte en el estándar para competiciones internacionales. Sin embargo, su precio es aproximadamente 1,5-2 veces superior al del roble y su tiempo de transporte es mayor.
Desde una perspectiva medioambiental, ambos pueden cumplir con el estándar E0; sin embargo, en cuanto a los costes de mantenimiento a largo plazo, el arce, al ser más resistente al desgaste y menos propenso a la deformación, requiere un ciclo de renovación más largo. Por lo tanto, quienes cuenten con presupuestos suficientes y busquen un rendimiento profesional deberían optar por el arce; si priorizan la rentabilidad y los servicios locales, el roble es una opción más práctica. La clave está en definir claramente el escenario de uso y evitar la sobreconfiguración o el bajo rendimiento.
