Entre los diversos tipos de madera, el arce se considera el «material de oro» para suelos deportivos, especialmente el arce duro norteamericano. Su rendimiento superior se debe a sus propiedades físicas y estéticas únicas. En primer lugar

el arce es extremadamente duro, con una dureza Janka de 1450 lbf, muy superior a la del roble (1290 lbf) y el cerezo (950 lbf), resistiendo eficazmente los impactos y arañazos propios de deportes de alta velocidad como el baloncesto y el bádminton. En segundo lugar, su veta recta y uniforme, su color blanco claro a amarillo pálido y su atractivo visual limpio con reflejos suaves ayudan a los atletas a concentrarse en el juego y reducen la fatiga visual.
Y lo que es más importante, el arce posee un excelente módulo de elasticidad y resistencia a la flexión, recuperando rápidamente su forma original tras ser sometido a una fuerte presión, lo que garantiza la planitud del suelo a largo plazo. Su densa estructura celular y su baja tasa de expansión por absorción de humedad, junto con modernos procesos de secado, permiten un control preciso del contenido de humedad del 9 % ± 1 %, lo que reduce considerablemente el riesgo de agrietamiento y deformación. Además, el tratamiento de recubrimiento UV mejora la resistencia al desgaste del arce, prolongando su vida útil a más de 15 años.
Los suelos de arce se utilizan en casi todas las sedes de la FIBA, la NBA y los Juegos Olímpicos, lo que demuestra su prestigio. A pesar de su mayor precio, su coste total del ciclo de vida (CCV) es menor: requiere menos mantenimiento, tiene un ciclo de reemplazo más largo y ofrece un rendimiento estable. Para los recintos deportivos que priorizan la profesionalidad y la seguridad, el arce es sin duda la mejor opción como material de superficie.
