Los suelos deportivos de madera no se instalan simplemente, sino que constituyen un sistema de suelo completo.

Las estructuras más comunes incluyen sistemas fijos, flotantes y de doble viga. Los sistemas fijos son adecuados para usos de baja intensidad, ya que fijan el suelo directamente a un subsuelo de hormigón; son económicos, pero ofrecen poca amortiguación. Los sistemas flotantes utilizan almohadillas elásticas o pies de goma para suspender todo el suelo, creando un efecto de resorte que mejora significativamente la absorción de impactos, convirtiéndolos en la opción preferida para recintos profesionales. Los sistemas de doble viga incorporan almohadillas amortiguadoras entre las vigas superiores e inferiores, ofreciendo un rendimiento óptimo, pero a un coste mayor. El proceso de instalación consta de más de diez pasos, que incluyen la nivelación del subsuelo, la impermeabilización, la colocación de las vigas, la fijación del subsuelo, el empalme de los paneles, el lijado y la pintura, lo que requiere un equipo profesional. La precisión en la instalación afecta directamente la planitud y la vida útil del suelo; por ejemplo, el error horizontal de las vigas no debe superar los 2 mm y la separación entre los paneles debe ser de 0,5 mm. Además, los suelos recién instalados deben curarse de 7 a 15 días antes de su uso para evitar deformaciones por cambios de humedad. Una estructura científica y una instalación estandarizada son requisitos indispensables para que los suelos de madera deportivos alcancen su rendimiento óptimo.

