La diferencia entre suelos deportivos de arce y roble

En el mundo de los suelos deportivos de madera, el arce y el roble son dos gigantes, cada uno con una cuota de mercado distinta gracias a sus propiedades únicas. Comprender las diferencias entre estos dos materiales puede ayudar a los operadores de recintos a tomar la decisión más adecuada.

La mayor ventaja de los suelos deportivos de madera de arce reside en su excepcional elasticidad. Su fina estructura de fibra de madera le permite deformarse rápidamente y recuperar su forma original tras el impacto, una propiedad especialmente importante para deportes que requieren saltos frecuentes, como el baloncesto y el bádminton. Los datos de pruebas profesionales demuestran que el módulo elástico del arce es un 20 % superior al de la madera convencional, lo que reduce la fuerza del impacto al aterrizar a un rango seguro para el cuerpo humano. Además, la fina textura de la superficie del arce, especialmente tratada para crear una fricción uniforme, garantiza la estabilidad durante movimientos rápidos sin obstaculizarlos debido a la rugosidad.

Los suelos deportivos de madera de roble, por otro lado, son reconocidos por su excepcional resistencia al desgaste. Con una densidad de 0,75 g/cm³ y una dureza 1,2 veces superior a la del arce, es especialmente adecuado para deportes que requieren alta abrasión, como el tenis de mesa y el voleibol. La resistencia natural del roble a la corrosión lo hace estable incluso en ambientes húmedos, lo que lo hace especialmente adecuado para recintos en las lluviosas regiones del sur. Además, la singular veta en forma de chevrón de la superficie del roble se vuelve aún más atractiva tras el pulido, aportando un toque natural al recinto, a la vez que equilibra funcionalidad y estética.

En cuanto a los costes de mantenimiento, el arce requiere un cuidado más meticuloso. Se requiere encerado profesional de 2 a 3 veces al año para evitar arañazos, mientras que el roble, debido a su textura dura, solo requiere un mantenimiento regular una vez al año. Sin embargo, el arce de alta calidad, debido a su largo ciclo de crecimiento (aproximadamente 50 años de maduración), cuesta aproximadamente un 30 % más que el roble.

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