Un sistema completo de suelo deportivo de madera no consiste en una sola tabla, sino en una combinación científica de múltiples capas de materiales. Normalmente incluye cinco componentes principales: la capa superficial

la capa portante, el sistema de viguetas, la base resiliente y la barrera antihumedad. La capa superficial suele estar formada por tablones de madera maciza de 19 mm (aproximadamente 19 mm) de grosor, como arce o roble, que entran en contacto directo con el usuario. La capa portante suele ser de madera contrachapada multicapa o tablero OSB, que distribuye las cargas y mejora la rigidez general. El sistema de viguetas consta de viguetas principales y secundarias, a menudo de pino o madera de ingeniería, que soportan toda la estructura mediante conectores elásticos. La base resiliente suele utilizar almohadillas de goma, muelles o espuma de poliuretano para proporcionar amortiguación y un buen rendimiento de rebote. La capa inferior es una barrera antihumedad que evita los daños causados por la humedad del suelo.
Este diseño estructural «flotante» es la principal diferencia entre los suelos deportivos de madera y los suelos convencionales. No solo mejora la comodidad del pie, sino que también absorbe eficazmente los impactos, reduciendo el riesgo de lesiones deportivas. Por ejemplo, las normas internacionales exigen que los suelos deportivos tengan una tasa de absorción de impactos no inferior al 53 % y una deformación vertical superior a 2,3 mm; estos indicadores dependen de una combinación adecuada de materiales y diseño estructural. Por lo tanto, al adquirir o construir, no solo se debe prestar atención al material de la superficie, sino también evaluar exhaustivamente la configuración del material y la mano de obra de todo el sistema para garantizar la seguridad, la durabilidad y el cumplimiento normativo.
