La importancia de los suelos de madera deportiva en los recintos deportivos está estrechamente ligada a su sofisticado diseño estructural y a las consiguientes ventajas de rendimiento superior.
Estructuralmente, los suelos de madera deportiva suelen estar compuestos por múltiples capas funcionales.
La capa superior, un acabado antideslizante y resistente al desgaste, es crucial. Generalmente se aplican de dos a tres capas de laca UV al agua. Este acabado no solo mejora eficazmente la resistencia al desgaste del suelo y prolonga su vida útil, sino que también proporciona excelentes propiedades antideslizantes. Esto proporciona un agarre fiable durante movimientos rápidos, frenadas repentinas y giros, garantizando la seguridad y evitando la fricción excesiva que podría afectar la suavidad de los movimientos de los atletas.
A continuación, se encuentra la lámina superior de madera maciza, normalmente de ≥22 mm de grosor. Esta capa está fabricada con maderas duras de alta calidad, como el arce y el roble, que aportan una excelente elasticidad y capacidad de carga. Cuando los atletas aterrizan tras un salto, la lámina superior de madera maciza amortigua eficazmente el impacto, minimizando el daño a las articulaciones y garantizando una experiencia de juego cómoda. Debajo de esta capa se encuentra la almohadilla elástica amortiguadora, generalmente de caucho natural o PU, con un grosor ≥10 mm. Las almohadillas elásticas amortiguadoras son un componente clave para lograr una excelente absorción de impactos en suelos deportivos de madera. Como un resorte, se comprimen y deforman rápidamente al impactar, absorbiendo una cantidad considerable de energía y recuperándose rápidamente para distribuir uniformemente la fuerza restante. Esta característica reduce significativamente el riesgo de lesiones para los atletas y es especialmente crucial en deportes de salto de alta intensidad, como el baloncesto y el voleibol.
Las quillas resistentes a la corrosión suelen estar hechas de madera de ingeniería LVL, con una separación ≤ 400 mm. Estas quillas proporcionan soporte y estabilidad, garantizando la estabilidad de toda la estructura del suelo. Distribuyen uniformemente la presión sobre el suelo, evitando colapsos o deformaciones localizadas, a la vez que contribuyen a su resiliencia general.