En la ingeniería de suelos deportivos, no todos los sistemas de amortiguación funcionan de la misma manera.

Existen dos conceptos fundamentales: la elasticidad puntual y la elasticidad de superficie. La elasticidad puntual significa que cuando un atleta aterriza en un punto específico, solo esa zona exacta se deforma y absorbe el impacto. Esto es típico de los suelos con almohadillas individuales. Por otro lado, la elasticidad de superficie distribuye la fuerza del impacto a través de un área más amplia, gracias a paneles continuos y estructuras cruzadas.
Un suelo de elasticidad puntual es ideal para deportes con movimientos verticales intensos, como el voleibol o el baloncesto, donde el salto y el aterrizaje ocurren en un punto fijo. En cambio, la elasticidad de superficie es perfecta para deportes con desplazamientos continuos y cambios de dirección, como el tenis o el balonmano, ya que proporciona una respuesta uniforme en toda la cancha. Entender esta diferencia es crucial para elegir el suelo adecuado según la biomecánica específica de cada disciplina deportiva.

