La «instalación flotante» es el proceso de construcción más importante en los suelos deportivos modernos.

Como su nombre indica, este sistema no se clava ni se pega rígidamente al suelo de cemento, sino que las vigas se apoyan sobre almohadillas elásticas, dejando que todo el sistema «flote». Este diseño le da libertad para expandirse y contraerse con los cambios de temperatura y humedad, evitando abombamientos, grietas y crujidos. Además, la estructura flotante actúa como un gran «resorte de aire» que, al caer el atleta, se deforma coordinadamente para dispersar el impacto, mejorando drásticamente la amortiguación.
Antes de la instalación, se requiere una inspección rigurosa: la planitud del suelo no debe exceder 3 mm en 2 metros, y la humedad del hormigón debe ser ≤8%. La temperatura de instalación debe estar entre 15°C y 30°C, con una humedad relativa del 40%-60%. Las vigas se colocan a una distancia de diseño (generalmente 300-400 mm) y se nivelan con precisión. Esta instalación científica es el alma que diferencia al suelo deportivo del residencial. También se deben dejar juntas de expansión perimetrales de 5-8 mm (para áreas mayores a 50 m² o lados mayores a 8 m) rellenas con tiras elásticas, asegurando que el suelo pueda «respirar» libremente en condiciones climáticas extremas y mantener un rendimiento deportivo excepcional.

