El arce norteamericano (Maple) es considerado el «estándar de oro», utilizado en más del 75% de las canchas profesionales y representando más del 58% de las instalaciones anuales en EE.

UU. Esto se debe a sus propiedades físicas únicas: sus fibras largas y compactas le otorgan gran tenacidad y resistencia a los impactos sin astillarse, siendo un 12% más duro que el roble rojo. Su dureza moderada evita la fatiga del atleta sin deformarse excesivamente. Visualmente, su color claro y vetas finas, con mínimo contraste de tono, iluminan el espacio y crean un contraste perfecto con el balón en las transmisiones televisivas.
Además, las micro-irregularidades de su superficie generan una dispersión de la luz que protege la vista de los deportistas. El arce, con sus largas fibras y estructura compacta, actúa como un organismo biológico con propiedades naturales de amortiguación. En cuanto a la ecología, la producción eficiente y el desarrollo sostenible de los recursos de arce garantizan que no se destruyan los bosques; los restos de madera se reutilizan en otros materiales o para generar energía. En comparación, el roble es más duro pero de veta más gruesa, usándose generalmente en pabellones polideportivos. Por su rendimiento integral casi perfecto, el arce es verdaderamente el «material de suelo perfecto de la naturaleza».

