Cuando se habla de suelos ecológicos, lo primero que viene a la mente es el exceso de formaldehído. Sin embargo, en la industria de suelos de madera para instalaciones deportivas profesionales, existe un «asesino oculto» aún más insidioso y directamente dañino que el formaldehído: la resistencia al deslizamiento descontrolada.

Muchos recintos deportivos suelen usar limpiadores domésticos o encerar sus suelos para conseguir un acabado brillante. Esto provoca un cambio drástico en el coeficiente de fricción de la superficie. En deportes como el baloncesto y el bádminton, que requieren paradas y cambios de dirección frecuentes y repentinos, un suelo demasiado resbaladizo puede provocar caídas y lesiones; mientras que un suelo demasiado rugoso (con fricción excesiva) puede hacer que los pies de los atletas se queden «bloqueados» al frenar bruscamente, impidiendo girar, lo que puede provocar fácilmente esguinces de tobillo o incluso roturas de ligamentos.
La Federación Internacional de Baloncesto (FIBA) tiene normas estrictas sobre el coeficiente de fricción de los suelos deportivos, que generalmente exige que esté entre 0,4 y 0,6. Se trata de un equilibrio delicado: debe ser resbaladizo pero estable.
Por lo tanto, la sostenibilidad de los suelos de madera para deportes no se limita a su no toxicidad química, sino que también implica una mayor seguridad física para la práctica deportiva. Nunca utilice métodos domésticos para el mantenimiento profesional de suelos. Un encerado inadecuado puede convertir un suelo en perfecto estado en un peligro. El uso regular de limpiadores especializados para suelos deportivos y la comprobación periódica del coeficiente de fricción son responsabilidades fundamentales para el bienestar de sus atletas

