Un suelo deportivo de madera de alto rendimiento no es una sola tabla, sino un sistema compuesto científicamente integrado a partir de cinco o más capas de materiales funcionales. Gracias a la sinergia estructural, este sistema logra múltiples objetivos de amortiguación, rebote, estabilidad y protección, lo que lo convierte en un «suelo inteligente» indispensable en la arquitectura deportiva moderna.

La capa superior es una capa superficial de tablones de madera maciza, normalmente de 18 mm o 22 mm de grosor, fabricados con maderas nobles como el arce o el roble. Esta capa está en contacto directo con los pies del atleta, soportando la fricción, el impacto y mejorando su estética. Su superficie está recubierta con múltiples capas de laca UV ecológica para mejorar la resistencia al desgaste y al deslizamiento.
La segunda capa es la capa portante (también llamada subsuelo), generalmente compuesta de madera contrachapada multicapa u OSB (tablero de virutas orientadas) de 15 a 18 mm de grosor, colocada horizontalmente sobre las vigas. Sirve para distribuir la carga y mejorar la rigidez general. Esta capa debe poseer una alta resistencia a la flexión estática (MOR ≥ 30 MPa) y una baja tasa de expansión por absorción de agua.
La tercera capa constituye la estructura de soporte principal: el sistema de viguetas, compuesto por viguetas principales y secundarias. Las viguetas principales suelen estar hechas de madera de pino o abeto de 45×75 mm o 50×90 mm, con una separación de 400 a 600 mm; las secundarias se colocan verticalmente en un patrón entrecruzado para formar un soporte en forma de rejilla. Algunos sistemas de alta gama utilizan viguetas de acero o plástico de ingeniería para aumentar aún más la durabilidad.
La cuarta capa es una capa elástica amortiguadora, que puede estar hecha de almohadillas de goma, conjuntos de resortes, bloques elásticos de TPE o almohadillas amortiguadoras específicas, instaladas en la parte inferior de las viguetas o en las intersecciones. Esta capa absorbe más del 50 % de la fuerza del impacto al aterrizar, lo que reduce significativamente el riesgo de lesiones de rodilla y tobillo.

