El rendimiento de los suelos deportivos de madera no puede juzgarse únicamente por su apariencia; debe evaluarse de acuerdo con una serie de estándares internacionales científicos y cuantificables. La norma alemana DIN 18032-2 y las regulaciones de la FIBA definen claramente seis indicadores clave de rendimiento, que en conjunto constituyen la «matriz de rendimiento de seguridad» de los suelos deportivos profesionales.

El primer indicador es la absorción de impactos, que se refiere a la capacidad del suelo para absorber la energía del impacto al aterrizar. Un suelo de alta calidad debe alcanzar un 53%-70%, lo que significa que más de la mitad de la fuerza del impacto es absorbida por el sistema, reduciendo significativamente el riesgo de lesiones deportivas. Un valor demasiado bajo indica una dureza excesiva y posibles lesiones de rodilla, mientras que un valor demasiado alto indica inestabilidad.
El segundo indicador es la deformación vertical, que es la profundidad de la huella en el punto de impacto. La norma exige una deformación de 2,3-5,0 mm ante un impacto de 100 kg. Una deformación insuficiente indica una amortiguación insuficiente, mientras que una deformación excesiva afecta la estabilidad del salto.
El tercer indicador es el rebote del balón, que mide la consistencia del bote. La FIBA estipula que la altura de rebote de un balón de baloncesto no debe ser inferior al 90 % de la altura de aterrizaje (es decir, una tasa de rebote ≥90 %), y las competiciones de alto nivel exigen ≥93 %. Esto se basa en un equilibrio preciso entre la rigidez y la elasticidad del suelo.
El cuarto parámetro es el coeficiente de fricción por deslizamiento, con un valor ideal de 0,4 a 0,6. Un valor demasiado bajo provoca resbalones, mientras que un valor demasiado alto dificulta las frenadas repentinas. Los suelos profesionales utilizan un revestimiento superficial para ajustar con precisión la fricción, lo que garantiza que los atletas puedan cambiar de dirección rápidamente sin perder el control.
El quinto parámetro es la capacidad de rodadura, que evalúa la capacidad del suelo para soportar el movimiento de objetos pesados. La norma exige que el suelo resista el rodado repetido de rodillos con una carga ≥3000 N (aproximadamente 300 kg) sin deformación permanente, siendo apto para el tráfico de camillas y carros portaequipos.

