Como componente esencial de la infraestructura de las instalaciones deportivas profesionales, la elección del pavimento deportivo de madera determina directamente la experiencia del usuario y su vida útil. Actualmente, los materiales más comunes en el mercado se dividen en dos categorías principales:

pavimentos deportivos de madera maciza y pavimentos deportivos de madera compuesta. Estos dos tipos difieren en las características de su materia prima y en los escenarios de aplicación, lo que exige una selección precisa en función de las necesidades específicas de cada instalación. Los pavimentos deportivos de madera maciza utilizan maderas duras naturales como materia prima, siendo las especies más comunes el arce, el roble y el abedul. El arce, material preferido para competiciones internacionales, posee una veta fina y uniforme, una dureza moderada (dureza Shore de 70-80) y un excelente módulo de elasticidad, lo que amortigua eficazmente los aterrizajes de los atletas y reduce las lesiones articulares. Su veta natural no solo posee un gran atractivo estético, sino que, tras tratamientos antiinsectos, anticorrosión y desengrasantes, mejora significativamente su estabilidad, lo que lo hace idóneo para instalaciones profesionales con exigentes requisitos de rendimiento, como pistas de baloncesto y bádminton. El roble, como alternativa económica, es ligeramente más duro que el arce, ofrece una excelente resistencia al desgaste y presenta una textura robusta y llamativa, por lo que se utiliza comúnmente en entornos de alta frecuencia como gimnasios escolares y salas de entrenamiento. El abedul, por otro lado, es ventajoso debido a su gran resistencia y excelentes propiedades acústicas, lo que lo hace idóneo para estudios de danza, gimnasios y otros espacios donde la reducción del ruido de las pisadas es fundamental. Los suelos deportivos de madera compuesta constan de una estructura multicapa. La capa superficial suele utilizar chapa de madera dura de alta calidad, la capa central es de madera contrachapada multicapa o tablero de fibra de alta densidad, y en la parte inferior se coloca una capa de equilibrio impermeable. Este diseño estructural conserva la estética deportiva de la madera maciza a la vez que soluciona el problema de la deformación inherente a la madera maciza pura mediante un proceso de laminación cruzada en la capa central, lo que resulta en una mayor estabilidad, especialmente adecuada para zonas húmedas o espacios con grandes superficies. Los materiales compuestos ofrecen importantes ventajas en cuanto a rentabilidad, con una alta utilización de materia prima, costando solo entre el 60% y el 70% de los suelos de madera maciza, al tiempo que alcanzan un coeficiente de resistencia al desgaste de AC5 o superior y una vida útil de 15 a 20 años, lo que los convierte en una opción generalizada para locales del mercado masivo.
