A muchos administradores de recintos les preocupa la vida útil de los suelos deportivos de madera. En realidad, su vida útil no es fija. Se ve afectada por numerosos factores, como el material, la instalación, el mantenimiento y la frecuencia de uso, y puede variar entre 5 y 10 años.
El material es un factor fundamental. Los suelos deportivos de madera maciza suelen tener una vida útil de 15 a 20 años. Maderas nobles de alta calidad, como el arce y el roble, pueden incluso durar más de 25 años con un cuidado adecuado. Los suelos deportivos de madera compuesta, por otro lado, tienen una vida útil significativamente diferente debido al grosor de la chapa. Los suelos compuestos con un grosor de chapa de 3 a 5 mm tienen una vida útil de aproximadamente 10 a 15 años. Los recintos con un grosor de chapa inferior a 3 mm pueden exponer fácilmente la capa base debido a la fricción prolongada, lo que podría acortar su vida útil a menos de 8 años. Además, los suelos de madera deportiva de bambú sometidos a un tratamiento de carbonización a alta temperatura pueden tener una vida útil de 12 a 18 años. Sin embargo, un tratamiento inadecuado puede provocar humedad y moho, acortando significativamente su vida útil.
Una instalación adecuada determina directamente la vida útil básica del suelo. Si la base no está nivelada, las quillas no están bien fijadas y las juntas de dilatación no están bien aseguradas, el suelo puede empezar a deformarse y a emitir ruidos inusuales tras tan solo uno o dos años de uso. Incluso las reparaciones posteriores pueden afectar su vida útil. Los suelos instalados por profesionales, con un control estricto de la preparación de la base, el contenido de humedad y la fijación estructural, pueden prolongar su vida útil de 3 a 5 años.
El mantenimiento diario es crucial. La limpieza y el encerado regular de los suelos, que mantienen un acabado de pintura bien protegido y un contenido de humedad de la madera estable, pueden prolongar su vida útil entre un 20 % y un 30 %. El descuido crónico puede provocar un desgaste severo de la superficie, acumulación de residuos en grietas y un descontrol de la temperatura y la humedad, lo que requiere reparaciones extensas o reemplazos en un plazo de 5 a 8 años. Además, la frecuencia de uso también influye. Los estadios deportivos profesionales se utilizan de 4 a 6 horas diarias, por lo que el suelo se desgasta más rápidamente, lo que podría acortar su vida útil de 3 a 5 años en comparación con los estadios comunitarios, donde solo se utiliza de 1 a 2 horas al día.