No todos los deportes tienen los mismos requisitos de suelo. El baloncesto se centra en un alto rebote y arranques rápidos, lo que requiere una superficie de alta dureza (como el arce) y un coeficiente de fricción moderado (alrededor de 0,5).

El bádminton requiere una fricción aún menor (0,4-0,45) para facilitar los tiros deslizantes y las paradas, además de una buena absorción de impactos para proteger las articulaciones de las rodillas.
El voleibol y la gimnasia tienen requisitos extremadamente altos de deformación vertical y absorción de energía (absorción de energía ≥50%) para prevenir lesiones por impactos. Las pistas de tenis de mesa priorizan la planitud absoluta (error de 3 m ≤2 mm) y una superficie sin reflejos para garantizar una trayectoria precisa de la pelota.
Las zonas de gimnasio, que implican el movimiento de equipos y el entrenamiento con pesas libres, requieren una mayor capacidad de carga rodante (≥3000 N) y resistencia a la indentación. Los estudios de danza prefieren materiales ligeramente más blandos (como el abedul) y una mayor fricción para facilitar la rotación y un posicionamiento preciso.
Por lo tanto, al planificar espacios multifuncionales, se deben definir claramente las funciones principales y secundarias, y se deben utilizar diferentes sistemas de suelo para cada zona, si es necesario. Por ejemplo, el área principal de juego podría ser de arce con vigas dobles, mientras que las áreas de entrenamiento circundantes podrían ser de roble con vigas simples, logrando así una configuración óptima en términos de rendimiento y costo.

