El rendimiento de los suelos deportivos de madera no se puede juzgar únicamente por su aspecto; requiere una evaluación cuantitativa basada en una serie de normas internacionales o nacionales. Los indicadores clave de rendimiento incluyen: la tasa de absorción de impactos, la tasa de rebote del balón, el coeficiente de fricción por deslizamiento, la deformación vertical y la capacidad de carga de rodadura.

La tasa de absorción de impactos refleja la capacidad del suelo para amortiguar el impacto de los aterrizajes de los atletas. Los sistemas de alta calidad pueden alcanzar más del 53 % (la norma DIN 18032 exige ≥45 %), lo que reduce eficazmente el riesgo de lesiones de rodilla y tobillo. La tasa de rebote mide la altura de rebote de balones como los de baloncesto en el suelo; las normas de la NBA exigen ≥90 % para garantizar la equidad en el juego. El coeficiente de fricción por deslizamiento (normalmente entre 0,4 y 0,6) determina el agarre cuando los atletas se detienen o cambian de dirección: un coeficiente demasiado bajo provoca resbalones, mientras que uno demasiado alto aumenta el riesgo de esguinces. La deformación vertical se refiere a la profundidad de la huella en el punto de impacto; un rango razonable es de 2,3 a 5,0 mm, lo que equilibra la comodidad y el soporte. Además, las pruebas de carga de rodadura (como la de 1500 N) verifican si el suelo puede soportar el movimiento de equipos pesados sin dejar marcas.
Estos indicadores de rendimiento constituyen, en conjunto, el núcleo funcional de los suelos deportivos de madera. Organismos de prueba profesionales (como DIN en Alemania y FIBA) certifican los productos. Al comprar, los usuarios deben solicitar informes de pruebas de terceros para evitar tomar decisiones basadas únicamente en el precio o la apariencia, y para garantizar que el recinto cumpla con los requisitos profesionales para eventos o entrenamientos.

