Entre los diversos tipos de madera, el arce duro norteamericano (Acer saccharum) se mantiene como el material de alta gama para suelos deportivos gracias a sus excelentes propiedades físicas y estéticas. Su posición se debe no solo a su tradición, sino también a sus ventajas de rendimiento científicamente probadas.

En primer lugar, el arce presenta una alta densidad de 680-750 kg/m³ y una dureza James de 1450 lbf, muy superior a la del roble (1290 lbf) y el cedro (1100 lbf). Esto significa que puede soportar un tráfico peatonal intenso sin abolladuras. En segundo lugar, su estructura fibrosa densa y uniforme, junto con su alto módulo de elasticidad dinámico, le permiten recuperar rápidamente su forma original tras ser sometido a tensión, proporcionando una respuesta de rebote estable, crucial para deportes como el baloncesto y el voleibol, que requieren saltos frecuentes. En tercer lugar, el color blanco claro del arce y su veta fina y recta, combinados con un recubrimiento UV, crean un efecto visual brillante y transparente, realzando la apariencia del recinto y reduciendo la interferencia por reflexión de la luz, lo cual resulta beneficioso para la retransmisión televisiva.
Más importante aún, la madera de arce tiene una excelente adherencia a la pintura y puede soportar múltiples renovaciones (normalmente lijadas cada 8-10 años), con una vida útil total de 20-25 años. Desde su creación en 1946, la NBA ha utilizado suelos de arce en todos sus estadios; la FIBA también lo incluye como material recomendado para eventos internacionales. Si bien la materia prima del arce es importada, lo que resulta en un mayor coste (aproximadamente 800-1200 RMB/m² para la capa superficial), su valor integral en términos de seguridad, durabilidad y rendimiento deportivo es irremplazable. Para estadios, instalaciones de entrenamiento profesional o recintos para eventos a gran escala que buscan estándares profesionales, los suelos de arce son, sin duda, una inversión que vale la pena: el «estándar de oro».

