Los suelos de madera deportivos deben soportar múltiples tensiones, como saltos, paradas repentinas y arrastre de equipos durante un uso frecuente

lo que hace que la resistencia a la abrasión y al impacto sean cruciales. La resistencia a la abrasión depende principalmente de la dureza de la superficie de la madera y de la calidad de su revestimiento. Por ejemplo, la madera de arce, con su estructura de alta densidad y múltiples capas de barniz resistente a la abrasión UV (normalmente de 5 a 7 capas), puede soportar decenas de miles de abrasiones sin exponer la madera subyacente. En pruebas de laboratorio, los suelos de alta calidad pueden alcanzar una resistencia a la abrasión Taber de más de 6000 revoluciones (la norma nacional exige ≥4000 revoluciones). La resistencia al impacto se manifiesta en dos aspectos: resistencia a la presión estática (p. ej., no romperse al caer un objeto pesado) y amortiguación dinámica (absorber el impacto de una persona al caer). Esto depende del diseño estructural general: cuanto menor sea la separación entre las vigas y más elásticas sean las almohadillas, mejor será el efecto de amortiguación. Las normas DIN exigen que el suelo sufra una deformación vertical ≥2,3 mm bajo un impacto de 50 kg, con una deformación residual ≤0,5 mm, lo que garantiza una rápida recuperación. Además, la resistencia de las uniones de los paneles también influye en la resistencia al impacto; una estructura machihembrada de alta calidad puede prevenir el colapso localizado. El mantenimiento regular (como retoques y control de la humedad) puede prolongar significativamente la vida útil de los suelos de madera deportivos. En resumen, una alta resistencia al desgaste y a los impactos son la doble garantía de la durabilidad de los suelos de madera deportivos.

