Un suelo de madera deportivo de alta calidad se degradará rápidamente si no se mantiene adecuadamente.

El mantenimiento rutinario incluye: limpieza diaria del polvo, fregado húmedo semanal (evitando el exceso de agua) e inspección mensual del acabado para detectar desgaste; lijado y repintado completos cada 1 o 2 años para restaurar la resistencia al deslizamiento y la estética; y la prohibición estricta del uso de tacones altos o zapatos de suela dura para evitar arañazos con objetos afilados. El control ambiental es igualmente importante: mantenga la humedad entre el 45 % y el 60 % y la temperatura entre 15 y 25 °C para evitar que la madera se agriete o se hinche. Con un uso y mantenimiento adecuados, los suelos de arce pueden durar entre 20 y 25 años, y los de roble, aproximadamente entre 15 y 20 años. Por el contrario, descuidar el mantenimiento durante mucho tiempo puede provocar problemas como deformaciones, grietas y desprendimiento del acabado en un plazo de 3 a 5 años. Por lo tanto, establecer un sistema de mantenimiento regular no solo es clave para prolongar la vida útil del suelo, sino también una inversión necesaria para garantizar la seguridad deportiva.

