El marcado es la partida pequeña más cara del suelo deportivo. El material cuesta poco, pero si se traza mal no se corrige, no se tapa y no se quita, y la utilidad de toda la pista queda comprometida. Y no es solo estética: es reglamento y seguridad.

Primero los usos, luego las líneas. El error más típico en polideportivos es marcar para un deporte y luego meter a la fuerza un segundo y un tercero: líneas sobre líneas, esquinas sobre esquinas, un mosaico de trazos interrumpidos que nadie sabe interpretar. Lo correcto es preparar en fase de proyecto un «plano superpuesto» con todos los deportes previstos sobre un mismo dibujo, identificar conflictos y posibilidades de coincidencia, y establecer cuál es el principal y cuáles los secundarios. Si no cabe todo, mejor marcar solo el principal o recurrir a señalización móvil y cintas temporales.
La anchura importa. Cada deporte tiene la suya; lo habitual ronda los 4–5 cm, con las laterales de bádminton más finas y baloncesto en 5 cm. Si en una misma pista distintos deportes usan anchuras distintas, los cruces generan escalones y desfases antiestéticos, además de complicar la ejecución. Unificar anchuras siempre que sea posible; donde no pueda coincidir, dejar entre paralelas una separación suficiente (normalmente no menos de 5 cm), porque dos líneas pegadas se ven a distancia como una sola línea gruesa.
Color con contraste, sin deslumbrar. Debe haber suficiente diferencia de luminosidad entre línea y fondo para que árbitro y jugadores la lean bien; pero nada de fluorescentes ni barnices brillantes: los primeros se difuminan en cámara y bajo luz fuerte, y los segundos reflejan. Lo habitual es blanco, amarillo o un tono oscuro de contraste con el fondo. Un principio que se olvida: asignar colores distintos a los distintos deportes y explicarlo en un panel gráfico junto a la entrada, especialmente importante en colegios y usuarios no especializados.

