Baloncesto, tenis y rugby en silla de ruedas plantean exigencias esencialmente distintas a los deportes convencionales. El peso del deportista se transmite al suelo a través del chasis metálico y ruedas neumáticas estrechas, generando presiones de contacto altísimas y cortantes laterales intensos en giros, mientras que las caídas exponen el acabado al raspado directo del metal. Recibir estas pistas con criterios para personas sin discapacidad conduce casi inevitablemente a marcas, rayaduras y anomalías de fricción en poco tiempo.

La carga rodante y la carga puntual son los indicadores prioritarios. Los ensayos habituales de carga rodante emplean ruedas normalizadas de masa fija, pero la realidad en silla es más severa: deportista adulto más silla de competición superan habitualmente ciento treinta kilogramos concentrados en cuatro pequeñas huellas, y las paradas, giros y choques generan picos instantáneos muy superiores al valor estático. Para instalaciones de uso intensivo en silla debe exigirse al proveedor datos de ensayo específicos con ruedas duras de pequeño diámetro y alta presión de contacto, no inferir aptitud a partir de informes genéricos. Conviene aumentar dureza y espesor de la capa de desgaste; los PVC blandos y respaldos muy espumados rara vez son adecuados aquí.
La cortante lateral plantea otro problema: la resistencia al rayado. Reposapiés, ruedines antivuelco y partes bajas del chasis barren el suelo repetidamente en cambios de dirección, produciendo marcas arqueadas densas que en casos graves arrancan acabado y líneas juntas. Mejoran el comportamiento mayor espesor de capa de desgaste, barnices con corindón y productos homogéneos de textura no direccional. El acabado espejo de alto brillo, en cambio, exhibe cada arañazo y varía bruscamente sus propiedades tribológicas al desgastarse, siendo desaconsejable en zona de juego principal de deportes en silla.

