A la hora de elegir un suelo deportivo, no basta con fijarse en el precio o en el aspecto; lo más importante es realizar una valoración integral en función del entorno de uso. Las necesidades funcionales del suelo varían enormemente según el lugar.

Los gimnasios escolares suelen tener una alta frecuencia de uso y una gran variedad de actividades estudiantiles, por lo que conviene elegir suelos deportivos de PVC o suelos compuestos, resistentes al desgaste, antideslizantes y fáciles de limpiar. Este tipo de suelos son de mantenimiento sencillo y pueden cubrir las necesidades de varias disciplinas, como baloncesto, voleibol o bádminton.
Los pabellones de baloncesto profesionales tienen exigencias de rendimiento más elevadas, por lo que suelen optar por suelos deportivos de madera maciza o suelos compuestos profesionales, con el fin de garantizar una buena amortiguación, elasticidad de rebote y experiencia deportiva.
Las zonas de gimnasio y de entrenamiento de fuerza deben soportar los impactos de los equipos, por lo que conviene elegir suelos de caucho. Los suelos de caucho son resistentes a la compresión, al desgaste y ofrecen una buena amortiguación, protegiendo tanto el suelo como los equipos.
En las zonas de ejercicio domésticas, donde el espacio es limitado, se pueden elegir suelos deportivos modulares, de instalación sencilla y desmontaje flexible, que además ofrecen cierta capacidad de amortiguación y antideslizamiento.
Las salas de danza y las zonas de actividad infantil priorizan la suavidad y la seguridad, por lo que conviene elegir materiales de suelo con buena elasticidad, ecológicos y sin olores.
Además, también hay que tener en cuenta el presupuesto, los costes de mantenimiento y las condiciones del recinto. Solo eligiendo el suelo adecuado en función de las necesidades reales se puede lograr un equilibrio entre seguridad, comodidad y rentabilidad económica.

