Cuando un jugador de 100 kg aterriza de un salto, la fuerza se concentra en una superficie de apenas 100 cm² (el área de contacto de la zapatilla).

Esta presión localizada puede superar los 10 kPa, suficiente para dañar un suelo mal diseñado.
La capa de distribución de cargas es un elemento intermedio (generalmente una placa de fibras de madera de alta densidad o un panel de contrachapado) que se coloca entre la superficie visible y el sistema de amortiguación. Su función es dispersar la fuerza concentrada del impacto sobre un área mayor, reduciendo la presión sobre las almohadillas de caucho subyacentes.
Esta capa actúa como un «difusor de tensión», similar a la función de los cimientos de un edificio. Sin ella, las almohadillas de caucho se deformarían excesivamente bajo cada impacto, perdiendo su elasticidad en pocos meses. Con la capa de distribución, la misma fuerza se reparte entre varias almohadillas, prolongando su vida útil y manteniendo la uniformidad del rendimiento.
La ingeniería de suelos deportivos no solo absorbe energía: la distribuye inteligentemente.

