El color de un suelo deportivo no es una decisión puramente estética. Los estudios de ergonomía visual demuestran

que un alto contraste entre el suelo y la pelota mejora la capacidad de los jugadores para seguir la trayectoria del balón a alta velocidad. Por eso, en baloncesto, los suelos de madera clara son los más habituales: ofrecen el máximo contraste con el balón naranja.
En deportes como el bádminton o el tenis de mesa, se prefieren colores oscuros (azul marino, verde oscuro) para contrastar con el volante o la pelota blanca. Los fabricantes incluso ajustan el tono del barniz para evitar reflejos que puedan deslumbrar a los jugadores bajo la iluminación artificial. El color del suelo es, en definitiva, una herramienta de rendimiento deportivo.

