Los materiales de los suelos deportivos, ya sea la madera o el PVC, son sensibles a la temperatura.

En verano, el calor puede hacer que los materiales se expandan; en invierno, el frío los contrae. Si un suelo está rígidamente anclado a la estructura del edificio, estas fuerzas térmicas generarán tensiones internas que terminarán en deformaciones permanentes.
Por eso, la instalación de suelos deportivos se basa en el concepto de «sistema flotante». Las tablas o los rollos de PVC no se pegan ni se clavan al hormigón, sino que descansan sobre él. Se dejan juntas perimetrales calculadas milimétricamente que actúan como cámaras de compensación. Cuando el suelo se expande, estas juntas se reducen; cuando se contrae, se abren. Este diseño permite que la cancha «respire» y se adapte a las estaciones sin perder su integridad estructural.

