La madera es un material natural que «respira» y es muy sensible a la temperatura y la humedad.

El control preciso de la humedad es vital para evitar abombamientos o grietas. Los fabricantes ajustan la humedad de la madera entre el 8% y el 12% según el clima local. Por ejemplo, en zonas húmedas del sur se permite un porcentaje mayor, mientras que en el norte seco debe ser más bajo. Durante la instalación, se dejan juntas de expansión científicas para permitir la contracción y dilatación. Además, los recintos deben monitorear la humedad interior manteniéndola entre el 45% y el 60%. Esta gestión climática integral garantiza que el suelo mantenga su estabilidad excepcional incluso ante condiciones meteorológicas extremas.

