Mucha gente cree erróneamente que los suelos deportivos de madera son simplemente una gruesa plancha colocada sobre el suelo, pero esto está muy lejos de la realidad. Un sistema de suelos deportivos de madera cualificados suele constar de cuatro o más capas, cada una con una función específica.

La capa superior es la superficial, generalmente compuesta por listones de arce de 22 mm de grosor, que entra en contacto directo con el atleta. Debajo se encuentra la capa portante (también llamada subsuelo), a menudo compuesta por contrachapado multicapa o vigas de pino, encargada de dispersar la fuerza del impacto. A continuación se encuentra la capa de acolchado elástico (como almohadillas de goma, muelles o almohadillas de poliuretano), que proporciona deformación vertical y absorción de energía. La capa inferior consta de una capa impermeable y un subsuelo de hormigón.
Este diseño estructural «flotante» proporciona al suelo una excelente absorción de impactos, una tasa de rebote del balón y un coeficiente de fricción óptimos. Por ejemplo, cuando un atleta salta y aterriza, la fuerza del impacto se transmite a través de la capa superficial a la capa elástica, donde se absorbe parcialmente, protegiendo así las rodillas y la columna vertebral. Al mismo tiempo, el balón rebota de forma estable tras el impacto (la FIBA exige una tasa de rebote ≥90%), lo que garantiza la equidad en el juego.
Por lo tanto, los suelos deportivos de madera no son un simple material decorativo, sino un sofisticado sistema de ingeniería funcional que requiere el diseño y la instalación de un equipo profesional para lograr un rendimiento óptimo.

