La elasticidad y la resistencia al desgaste son indicadores fundamentales del rendimiento de los suelos deportivos de madera, que inciden directamente en la seguridad de los atletas y la durabilidad de la cancha.

Las normas internacionales exigen una resistencia a la flexión estática de 15 MPa o superior y un módulo elástico de 12 000 MPa o superior. Cuando un atleta salta sobre el suelo, este debe deformarse adecuadamente, absorbiendo al menos el 70 % de la fuerza del impacto y recuperando rápidamente su forma original. Esto evita la transmisión directa de la fuerza del impacto a las articulaciones del atleta y reduce el riesgo de lesiones deportivas. Para cumplir con este estándar, los suelos deportivos de madera suelen utilizar una estructura compuesta por una capa base y una base elástica. Esta base elástica suele estar hecha de caucho natural o sintético y tiene un grosor aproximado de 5 a 8 mm. La dureza y la elasticidad del caucho se ajustan para satisfacer los requisitos de elasticidad de los diferentes deportes. Por ejemplo, las canchas de baloncesto requieren una alta elasticidad, típicamente con una dureza de base elástica de 50-60 Shore A, mientras que las canchas de bádminton requieren una elasticidad moderada de aproximadamente 65-75 Shore A. La resistencia a la abrasión es un indicador clave de la vida útil de los pisos deportivos de madera. Las normas nacionales exigen que la superficie de los pisos deportivos de madera resista al menos 4000 rotaciones (prueba de abrasión de Taber), mientras que las instalaciones de competición profesional requieren al menos 6000 rotaciones. Para mejorar la resistencia al desgaste, los pisos deportivos de madera suelen recubrirse con tres a cinco capas de revestimiento resistente al desgaste, la más externa de las cuales es óxido de aluminio (Al₂O₃). El óxido de aluminio es un material muy duro y resistente al desgaste con una dureza Mohs de 9 (superada solo por el diamante), que resiste eficazmente la fricción de los equipos y el calzado deportivo. Además, se prefieren las maderas de mayor dureza, como el arce y el roble, ya que su resistencia inherente al desgaste supera con creces la de las maderas blandas como el pino y el abeto. Además, controlar el contenido de humedad del suelo de madera durante la construcción es crucial. Este debe coincidir con la humedad local, que suele estar entre el 8 % y el 12 %. Un contenido de humedad excesivamente alto o bajo puede provocar grietas y deformaciones, lo que afecta indirectamente la resistencia al desgaste del suelo.

