Evaluar la seguridad de un suelo deportivo solo en condiciones secas es un error grave.

En la realidad de la competición, los atletas sudan, las botellas de agua se derraman y la humedad ambiental fluctúa. Un suelo que tiene un agarre perfecto en seco puede convertirse en una pista de patinaje mortal cuando se moja.
La verdadera prueba de calidad de un barniz deportivo es su coeficiente de fricción en estado húmedo. Los sistemas de pintura de élite incorporan micro-partículas (como sílice o alúmina) que crean una textura superficial capaz de «cortar» la película de agua o sudor, manteniendo el agarre constante. Las normativas de seguridad exigen que la diferencia entre el agarre en seco y en húmedo sea mínima. Esta tecnología es la diferencia entre un aterrizaje seguro tras un salto y una lesión de ligamentos por un resbalón imprevisto.

