Al elegir suelos deportivos de madera, muchas personas se dejan llevar fácilmente por factores superficiales como el material y el precio, pasando por alto los indicadores de rendimiento fundamentales. De hecho, estos indicadores son la base clave para determinar si un suelo deportivo satisface las necesidades deportivas y garantiza la seguridad. Solo cuando todos los indicadores cumplen con los estándares, se puede considerar un suelo deportivo cualificado.
La absorción de impactos es el indicador principal y afecta directamente a la seguridad de los atletas. Según las normas internacionales, los suelos deportivos de madera deben tener una tasa de absorción de impactos del 30 % o superior, lo que significa que pueden absorber al menos el 30 % de la fuerza de impacto del aterrizaje de un atleta, reduciendo así el daño articular. Durante las pruebas, equipos especializados simulan el impacto de un atleta al aterrizar tras un salto y miden la proporción de energía absorbida por el suelo. Por ejemplo, las canchas profesionales de baloncesto suelen requerir una tasa de absorción de impactos del 40 % al 50 % para cumplir con los requisitos de seguridad para deportes de alta intensidad. Para instalaciones de baja y media intensidad, como estudios de danza y yoga, una tasa de absorción de impactos del 30 % o superior es suficiente. Si el rendimiento de absorción de impactos no cumple con la norma, el uso prolongado puede provocar fácilmente lesiones en articulaciones como rodillas y tobillos, incumpliendo así los requisitos de seguridad de las instalaciones deportivas.
El rendimiento del rebote es un indicador crucial que afecta la experiencia atlética, especialmente en los deportes de pelota. La norma estipula que la tasa de rebote del balón en los suelos deportivos de madera debe ser ≥ 90% (basado en una tasa de rebote del 100% para suelos de hormigón). Esto significa que la altura de rebote de balones como el baloncesto y el voleibol en el suelo debe ser al menos el 90% de la altura que alcanzarían en suelos de hormigón. Si la tasa de rebote es demasiado baja, el balón no rebotará lo suficientemente alto, lo que afectará los pases, tiros y otros movimientos técnicos de los atletas. Si la tasa de rebote es demasiado alta o inestable, la trayectoria del balón será incontrolable, lo que afectará la imparcialidad y la fluidez del juego. En las canchas de baloncesto profesionales, la tasa de rebote de la pelota en los pisos deportivos de madera generalmente se controla entre el 92% y el 95% para garantizar que la experiencia de juego cumpla con los requisitos de las competencias profesionales.