Si las tablas de la superficie representan la «cara» de un sistema de pavimento deportivo de madera, el sistema de vigas constituye su «núcleo interno». En las instalaciones deportivas profesionales de competición, la estructura de vigas de doble capa se ha convertido en sinónimo de configuración de alta gama debido a la excepcional estabilidad de su rendimiento. Este sistema no consiste meramente en una superposición de vigas de madera; por el contrario, representa un cálculo preciso en lo que respecta a la transmisión de fuerzas mecánicas y la absorción de energía.

Un sistema de vigas de doble capa suele constar de vigas primarias, vigas secundarias, almohadillas elásticas de absorción de impactos y un subsuelo. Las vigas primarias —generalmente fabricadas en pino o abeto, con unas dimensiones de 50 mm × 70 mm— se disponen a lo largo de la instalación y son las responsables de soportar las cargas verticales principales. Las vigas secundarias se colocan de forma perpendicular a las primarias, formando una estructura de cuadrícula entrecruzada. Esta disposición en forma de «rejilla» o retícula mejora significativamente la estabilidad lateral del pavimento, impidiendo que este se deforme o se tuerza bajo una tensión prolongada.
El secreto fundamental de este sistema reside en sus «nodos elásticos». Se colocan estratégicamente almohadillas especializadas de caucho para la absorción de impactos, o bloques elásticos, entre las vigas primarias y secundarias, o bien entre las vigas y el subsuelo de hormigón. Actuando de manera muy similar al sistema de suspensión de un automóvil, estas almohadillas experimentan una compresión y deformación controladas cuando los atletas ejecutan remates potentes o aterrizan tras un salto; esta acción absorbe las ondas de choque del impacto, impidiendo que las fuerzas de retroceso resultantes causen lesiones físicas directas al atleta. Simultáneamente, este diseño estructural garantiza que el pavimento presente una deflexión vertical de al menos 2 mm (de conformidad con la norma W500); un equilibrio que evita que la superficie resulte excesivamente dura para el atleta, al tiempo que previene una blandura excesiva que daría lugar a una pérdida en el retorno de energía.
Además, los espacios libres entre las vigas de doble capa crean una cámara sustancial para la circulación del aire. Esto no solo facilita la ventilación y la disipación del calor bajo el pavimento —evitando así la proliferación de moho y hongos—, sino que también proporciona cierto grado de aislamiento acústico. Durante la instalación, el espaciado de las vigas (típicamente establecido en 400 mm × 400 mm) debe calibrarse rigurosamente mediante un instrumento de nivelación de precisión, con un margen de error estrictamente controlado dentro de ±1 mm, para garantizar la absoluta planitud y uniformidad de toda la superficie de juego deportivo.

