El mayor enemigo de los suelos de madera para instalaciones deportivas no suele ser el impacto intenso de la actividad deportiva

sino la humedad del suelo. Especialmente durante la temporada de lluvias en regiones del sur o en instalaciones ubicadas en la planta baja, una impermeabilización inadecuada puede provocar fácilmente deformaciones, abombamientos, moho e incluso pudrición. Muchos usuarios se centran únicamente en el brillo superficial del suelo, descuidando los procesos internos, que suelen ser la causa principal del deterioro prematuro del mismo.
La construcción de un sistema integral de impermeabilización comienza con el subsuelo. Antes de la instalación del suelo, es necesario comprobar el contenido de humedad del suelo de cemento; la normativa suele exigir que sea inferior al 2,5 % (o según las normas específicas de cada marca). Está estrictamente prohibido construir si el subsuelo no está completamente seco. Para zonas con alto riesgo de humedad, se recomienda aplicar primero una capa impermeabilizante profesional para evitar que el agua capilar ascienda desde el suelo.
En segundo lugar, el proceso de instalación de la capa impermeabilizante es crucial. Entre las vigas y el subsuelo, se debe colocar una membrana impermeable o una tela no tejida de espesor moderado (generalmente de al menos 0,5 mm). Esta capa de material no solo debe cubrir completamente la superficie, sino que las juntas deben superponerse al menos 20 cm y sellarse con cinta impermeable para formar una barrera impermeable total. Algunos sistemas de alta gama también incorporan almohadillas elásticas de goma bajo las vigas, que no solo absorben los impactos, sino que también evitan el contacto directo entre las vigas y el suelo, reduciendo así la conducción de humedad.

