La estructura de tres capas de los suelos de madera para instalaciones deportivas

Muchos aficionados que visitan estadios deportivos suelen creer erróneamente que el suelo de madera para instalaciones deportivas es simplemente una versión más gruesa del suelo doméstico.

En realidad, ambos tienen estructuras internas muy diferentes. La clave de la capacidad del suelo de madera para instalaciones deportivas para soportar años, incluso décadas, de impactos frecuentes al correr y saltar reside en su estructura de tres capas, diseñada científicamente.

La primera es la capa superficial, la que está en contacto directo con nosotros. Normalmente se utiliza madera dura de alta calidad, como el arce, con un grosor de entre 20 y 30 mm. Esta capa no solo requiere estética, sino también una resistencia al desgaste y al deslizamiento extremadamente altas. La superficie suele estar recubierta con una pintura antideslizante especial con protección UV, cuyo coeficiente de fricción se controla estrictamente entre 0,4 y 0,7, lo que garantiza que los atletas no resbalen incluso al sudar y evita que el suelo se astille debido a la fricción excesiva.

La segunda es la capa portante, también conocida como sistema de vigas. Esta es la estructura básica del suelo deportivo de madera, generalmente de pino o LVL (madera laminada). Las vigas no solo soportan la capa superficial, sino que, lo que es aún más importante, crean canales de circulación de aire, evitando que el suelo se deforme por la humedad. Entre las vigas, suelen colocarse almohadillas amortiguadoras de goma; este es el núcleo del sistema, responsable de proporcionar elasticidad.

Finalmente, se encuentra la capa impermeable, situada en la parte inferior. Actúa como un escudo protector, aislando el suelo de la humedad proveniente de la base de hormigón. Esta capa es crucial para instalaciones a nivel de calle o subterráneas, ya que evita eficazmente que el suelo se hinche y se deforme por la absorción de humedad. Este diseño estructural funcional por capas hace que el suelo deportivo de madera sea mucho más duradero que los suelos convencionales, con una vida útil de 15 a 20 años, lo que lo convierte en una opción inteligente para los gestores de instalaciones que buscan un control de costes a largo plazo.

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