No todos los suelos de madera deportivos son universales. Cada deporte tiene requisitos diferentes en cuanto a materiales y rendimiento.

Por ejemplo, el baloncesto prioriza un alto rebote y una respuesta rápida, lo que requiere madera de arce de alta dureza con una tasa de rebote de la pelota superior al 90 % y un coeficiente de fricción de aproximadamente 0,5. El bádminton, en cambio, requiere una fricción aún menor (0,4-0,5) para facilitar el deslizamiento, y la superficie debe ser extremadamente plana para evitar que la pelota se desvíe de su trayectoria.
Las pistas de gimnasia o danza priorizan la amortiguación, exigiendo una tasa de absorción de impactos superior al 60 %, a menudo utilizando una combinación de almohadillas elásticas engrosadas y madera blanda (como el abedul). El tenis de mesa, en cambio, es sensible a las vibraciones, lo que requiere una estructura de alta rigidez para reducir la resonancia y exige una precisión extremadamente alta en las juntas de los paneles.
La selección de materiales se ajusta en consecuencia: el arce es la primera opción para deportes de contacto de alta intensidad; Las escuelas con presupuestos limitados pueden optar por el roble (dureza 1100, alta rentabilidad); y en zonas húmedas, se suelen utilizar materiales compuestos tratados con conservantes.
En cuanto a las especificaciones, las canchas de baloncesto suelen utilizar tableros de 130 mm de ancho para una experiencia visual más abierta; las canchas de bádminton prefieren tableros estrechos de 90 mm para reducir la interferencia de las juntas. Por lo tanto, los suelos deportivos de madera deben adaptarse a cada deporte para maximizar su eficacia.

