Por qué el arce se ha convertido en el material preferido para suelos deportivos de madera.

Entre los diversos tipos de madera, el arce ha sido durante mucho tiempo el rey de los suelos deportivos, especialmente en la liga profesional de baloncesto norteamericana (NBA), donde prácticamente se ha convertido en el estándar. Sus ventajas se deben a diversas propiedades físicas y estéticas.

En primer lugar, el arce posee una dureza extremadamente alta (la dureza Janka alcanza las 1450 lbf), muy superior a la de maderas duras comunes como el roble y el cerezo, lo que le permite soportar el tráfico peatonal intenso y el movimiento de equipos sin abollarse fácilmente. En segundo lugar, su estructura fibrosa densa y uniforme proporciona una alta planitud superficial y un coeficiente de fricción por deslizamiento estable, lo que favorece el control preciso del balón y los cambios de dirección de los atletas. Además, el arce posee un color claro y una veta recta y fina, lo que ofrece un aspecto limpio y limpio, y no se decolora fácilmente con el tiempo, manteniendo una buena apariencia incluso después del mantenimiento.

Y lo que es más importante, el arce posee un excelente módulo elástico y resistencia al impacto, lo que, combinado con un sistema de subsuelo profesional, logra un equilibrio ideal entre absorción y retorno de energía. La FIBA ​​recomienda explícitamente el uso de suelos de arce en las sedes oficiales de competición. Si bien su precio es superior al del roble o el abedul, su durabilidad y rendimiento lo hacen más rentable a lo largo de toda su vida útil. Por lo tanto, para las sedes que priorizan la profesionalidad y la rentabilidad a largo plazo, la madera de arce es, sin duda, la mejor opción.

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