Como parte fundamental de la infraestructura de las instalaciones deportivas profesionales, la elección del pavimento de madera determina directamente la seguridad, la comodidad y la vida útil del recinto. Actualmente

los principales materiales para pavimentos deportivos se dividen en dos categorías: madera maciza y madera compuesta. Estos dos tipos difieren significativamente en su composición, rendimiento y aplicaciones. Los pavimentos deportivos de madera maciza utilizan maderas duras naturales, entre las que destacan el arce, el roble y el abedul. El arce, reconocido internacionalmente como un material de primera calidad para pavimentos deportivos, se caracteriza por su densidad moderada (650-700 kg/m³), textura fina y excelente elasticidad. Su singular estructura fibrosa absorbe más del 30 % de la fuerza del impacto durante los saltos y aterrizajes, reduciendo eficazmente el riesgo de lesiones articulares. El roble destaca por su alta dureza y resistencia al desgaste, con una densidad en estado seco superior a 750 kg/m³, lo que lo hace idóneo para instalaciones deportivas públicas de uso frecuente y alto tránsito, como gimnasios escolares y centros comunitarios. El abedul ofrece una excelente relación calidad-precio, con una textura uniforme y buena estabilidad, lo que lo convierte en una opción ideal para instalaciones deportivas de gama media y baja. Sus excelentes propiedades mecánicas laterales le permiten soportar impactos deportivos frecuentes. El pavimento deportivo de madera maciza compuesta consta de una chapa de madera dura en la superficie, un núcleo multicapa y una capa inferior de equilibrio. La capa superficial suele utilizar una chapa de arce o roble de 2 a 4 mm de espesor, mientras que la capa central está hecha de maderas blandas como el álamo y el pino, unidas mediante un proceso de prensado a alta temperatura y presión. Este diseño estructural combina la sensación de la madera maciza con la estabilidad de los tableros multicapa. El entrelazado de la veta de la capa central contrarresta eficazmente la contracción y expansión de la madera debido a los cambios de humedad, reduciendo el riesgo de deformación y agrietamiento, lo que lo hace especialmente adecuado para instalaciones en zonas húmedas o secas. El material compuesto también ofrece una excelente resistencia al desgaste. Tras el tratamiento con revestimiento resistente a la abrasión UV, la superficie puede soportar más de 4000 ciclos de abrasión, con una vida útil de 15 a 20 años, y los costes de mantenimiento son inferiores a los de los suelos de madera maciza pura.

