Las condiciones ambientales influyen decisivamente en el comportamiento y la durabilidad de los suelos deportivos. Ignorarlas puede acortar su vida útil a la mitad.

- Madera maciza: Es el material más sensible. La humedad relativa ideal está entre el 45% y el 55%. Por debajo del 40%, la madera se contrae y aparecen grietas; por encima del 60%, se expande y se alabea. La temperatura debe mantenerse entre 15 °C y 25 °C. Los cambios bruscos (>5 °C/día) provocan tensiones internas. Se recomienda un sistema de climatización estable.
- Vinilo y PVC: Son más tolerantes, pero la humedad excesiva (>75%) puede despegar el adhesivo y favorecer la aparición de hongos. La temperatura ideal es de 18-27 °C. Por debajo de 10 °C, el vinilo se vuelve rígido y puede agrietarse al impactar. Por encima de 35 °C, se ablanda y se deforma permanentemente bajo peso.
- Caucho: Soporta mejor las variaciones, pero la exposición prolongada a la luz solar directa (rayos UV) lo degrada. En exteriores, se recomienda caucho EPDM, más resistente a la intemperie. La temperatura máxima de servicio continuo es de 60 °C; la mínima, -20 °C.
- Linóleo natural: Tolera bien la humedad (hasta 70% HR) pero es sensible a la alcalinidad del subsuelo (pH >9). Requiere una barrera química si el hormigón es nuevo. Temperatura ideal: 18-22 °C.
- Medición y control: Instalar termohigrómetros en la sala y registrar datos diariamente. En zonas de clima extremo, se aconsejan sistemas de deshumidificación o calefacción por suelo radiante (baja temperatura, máximo 27 °C).
Un suelo deportivo bien aclimatado no solo dura más, sino que mantiene sus propiedades mecánicas dentro de los márgenes exigidos por las federaciones.

