El deporte inclusivo exige instalaciones accesibles, y el suelo juega un papel fundamental para garantizar la participación de personas con movilidad reducida, discapacidad visual o usuarios de sillas de ruedas.

- Superficies para sillas de ruedas: El suelo debe ser firme, estable y antideslizante, incluso en mojado. La resistencia a la rodadura es clave: un suelo demasiado blando (como moqueta gruesa) dificulta el avance; uno demasiado rugoso genera vibraciones incómodas. Los suelos de PVC multicapa o caucho compacto son los más recomendados, con una dureza Shore A entre 70 y 90.
- Contraste cromático y señalización táctil: Personas con baja visión necesitan contrastes claros entre el suelo y las líneas de juego, así como bandas podotáctiles (relieves en el suelo) para indicar cambios de dirección, bordes de pista o salidas de emergencia. Algunos fabricantes integran franjas de color contrastado o texturas diferenciadas en los bordes de las canchas.
- Amortiguación para usuarios de prótesis: Atletas con amputaciones soportan fuerzas de impacto asimétricas. Un suelo con absorción homogénea (deformación vertical controlada) reduce el riesgo de lesiones en la extremidad sana. La norma ISO 23500 regula estos aspectos en instalaciones paralímpicas.
- Acceso a zonas de juego: Las rampas de acceso deben tener el mismo material que la pista para evitar transiciones bruscas. Las juntas entre distintos tipos de suelo deben ser inferiores a 5 mm para no obstaculizar sillas de ruedas.
- Ejemplos prácticos: El Centro de Alto Rendimiento Paralímpico de Madrid utiliza suelos de caucho EPDM en todas sus pistas, con bandas guía de color amarillo y textura rugosa. Los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020 exigieron que todas las superficies de competición cumplieran la norma IPC Athletics.
Invertir en accesibilidad no solo cumple la ley (CTE DB-SUA en España), sino que amplía la base de usuarios y mejora la reputación de la instalación.

