La higiene se ha convertido en una prioridad tras la pandemia de COVID-19. Los suelos deportivos con propiedades autolimpiables y antibacterianas representan la última frontera tecnológica.

- Tecnología fotocatalítica: Algunos suelos incorporan dióxido de titanio (TiO₂) en su capa superficial. Al exponerse a la luz (natural o LED), genera radicales libres que descomponen moléculas orgánicas (suciedad, bacterias, virus). Este efecto se activa incluso con luz interior, aunque es más eficiente con luz UV.
- Nanopartículas de plata y cobre: Metales con acción antimicrobiana probada. Se integran en la resina del suelo durante la fabricación. Inhiben el crecimiento de bacterias como Escherichia coli y Staphylococcus aureus en más del 99,9% (según norma ISO 22196). Son efectivas durante toda la vida útil del producto.
- Recubrimientos hidrofóbicos y oleofóbicos: Superficies que repelen el agua y los aceites, impidiendo que la suciedad se adhiera. La limpieza se reduce a un simple barrido o paño húmedo. Algunos recubrimientos tienen efecto «loto»: las gotas ruedan arrastrando partículas.
- Materiales intrínsecamente antimicrobianos: El linóleo natural contiene aceite de linaza, que tiene propiedades bacteriostáticas. El caucho natural también inhibe ciertos hongos. Estos materiales no necesitan aditivos químicos.
- Mantenimiento reducido: Un suelo autolimpiable puede necesitar hasta un 50% menos de productos químicos y horas de limpieza. Esto supone un ahorro económico y ecológico significativo. Además, reduce el riesgo de alergias en usuarios sensibles.
Marcas como Gerflor (serie Mipolam) y Tarkett (Omnisports Excel) ya comercializan suelos con estas tecnologías. La demanda crece en hospitales, centros de rehabilitación y gimnasios de alta rotación.

