El suelo deportivo debe mantener un rendimiento estable bajo diversas condiciones de temperatura y humedad.

El ambiente interior de los pabellones deportivos está sujeto a fluctuaciones significativas de temperatura y humedad debido a los cambios estacionales, los sistemas de climatización y la actividad de las personas. Si el material del suelo es demasiado sensible a las variaciones ambientales, pueden producirse problemas de dilatación, contracción y alabeo, afectando gravemente a la seguridad de uso y al rendimiento deportivo.
El suelo deportivo de madera maciza presenta la mayor sensibilidad a la temperatura y la humedad. La madera es un material higroscópico natural: cuando la humedad ambiental aumenta, absorbe agua y se dilata; cuando la humedad disminuye, libera humedad y se contrae. Si estas variaciones dimensionales superan el rango admisible, pueden provocar abombamientos, fisuras o ensanchamiento de las juntas. Por ello, la instalación del suelo de madera maciza debe prever juntas de dilatación adecuadas, y el pabellón debe contar con un sistema de humedad constante que mantenga la humedad relativa interior entre el cuarenta y el sesenta por ciento.
El suelo deportivo de PVC presenta una adaptabilidad relativamente buena a la temperatura y la humedad. Aunque el coeficiente de dilatación térmica del PVC es superior al de la madera, su estabilidad dimensional queda eficazmente controlada mediante una capa de refuerzo de fibra de vidrio. Dentro del rango normal de temperatura interior, la variación dimensional del suelo deportivo de PVC no suele superar una milésima. Sin embargo, en condiciones de temperatura extremadamente alta, el PVC puede reblandecerse, afectando a la dureza superficial y al rebote de la pelota.
El suelo deportivo de caucho ofrece un rendimiento excelente en ambientes de baja temperatura. El caucho mantiene una buena elasticidad incluso a veinte grados bajo cero

