Las propiedades antideslizantes del suelo deportivo son uno de los elementos más básicos para garantizar la seguridad de los deportistas. Un coeficiente de fricción adecuado permite al deportista obtener suficiente agarre durante las frenadas bruscas, los cambios de dirección y las aceleraciones

sin que un exceso de fricción provoque torceduras articulares ni desgarros ligamentarios. El diseño de las propiedades antideslizantes requiere un equilibrio preciso entre seguridad y rendimiento deportivo.
El coeficiente de fricción entre la suela del calzado y el suelo está influenciado por múltiples factores. El material de la superficie del suelo, la profundidad de la textura y la rugosidad determinan el coeficiente de fricción intrínseco. El material de la suela del calzado del deportista, el diseño de la huella y el grado de desgaste también afectan al resultado real de fricción. Además, los contaminantes presentes en la superficie del suelo, como polvo, sudor, humedad y residuos de caucho, pueden alterar significativamente el coeficiente de fricción, haciendo que el rendimiento antideslizante en uso real se desvíe de los datos obtenidos en pruebas de laboratorio.
La Organización Internacional de Normalización y las distintas federaciones deportivas han establecido estándares de prueba y rangos recomendados para el coeficiente de fricción de los suelos deportivos. Generalmente se considera que un coeficiente de fricción dinámica comprendido entre cero coma cuatro y cero coma siete es el rango ideal para la mayoría de los deportes de interior. Un coeficiente inferior a cero coma cuatro provoca que el deportista pierda el control y resbale durante los cambios de dirección rápidos, aumentando el riesgo de caídas y lesiones. Un coeficiente superior a cero coma siete puede generar un efecto de bloqueo excesivo entre la suela y el suelo, de modo que durante las paradas y giros bruscos el pie no puede liberarse a tiempo, sometiendo a las articulaciones de la rodilla y el tobillo a un momento de torsión excesivo, lo que puede provocar lesiones graves como la rotura del ligamento cruzado anterior.

