El diseño modular representa una tendencia importante en el desarrollo de los suelos deportivos. Los suelos tradicionales de instalación continua, una vez colocados, resultan difíciles de sustituir, mientras que los suelos modulares utilizan placas unitarias estandarizadas que permiten una combinación libre, una instalación rápida y un desmontaje sencillo, ofreciendo una gran versatilidad para el uso multifuncional de los pabellones.

Las unidades básicas de los suelos modulares suelen tener forma cuadrada o rectangular, con lados que oscilan entre 30 y 60 centímetros. Los bordes de las placas incorporan sistemas de encaje que se conectan mediante clips, espigas y ranuras o imanes, sin necesidad de utilizar adhesivos. Este sistema de conexión no solo simplifica el proceso de instalación, sino que también elimina los riesgos de contaminación ambiental y problemas de salud asociados al uso de adhesivos.
La principal ventaja del diseño modular reside en su flexibilidad. Cuando el pabellón necesita acoger diferentes tipos de actividades, los módulos del suelo pueden sustituirse rápidamente para modificar la distribución del espacio. Por ejemplo, un espacio utilizado como pista de baloncesto durante el día puede transformarse con rapidez en una pista de bádminton por la noche. Los módulos dañados pueden reemplazarse individualmente sin necesidad de renovar toda la superficie, lo que reduce considerablemente los costes de mantenimiento.
El diseño desmontable facilita además el mantenimiento de las instalaciones situadas bajo el suelo. En los suelos de instalación continua tradicionales, es necesario destruir el pavimento para acceder a las tuberías y canalizaciones en caso de avería. En cambio, los suelos modulares pueden levantarse con facilidad, permitiendo realizar las reparaciones necesarias y volver a colocarse sin afectar al uso de las demás zonas.

