El rendimiento de amortiguación del suelo deportivo es uno de los indicadores fundamentales para garantizar la seguridad de los atletas.

Cuando los deportistas saltan, corren o se detienen bruscamente durante la práctica deportiva, el cuerpo genera una fuerza de impacto considerable sobre el suelo. Si el pavimento no es capaz de absorber eficazmente estos impactos, la energía cinética se transmitirá a través de los pies hacia las rodillas, las caderas e incluso la columna vertebral, lo que, de forma acumulativa, puede provocar desgaste articular y lesiones crónicas.
El principio de amortiguación del suelo deportivo se basa principalmente en la deformación elástica del propio material. Cuando el suelo recibe un impacto, la estructura interna del pavimento experimenta una ligera compresión, transformando la energía cinética del impacto en energía potencial elástica que queda almacenada temporalmente para liberarse de forma gradual. Este proceso reduce eficazmente el pico de impacto que se transmite al cuerpo humano.
Los distintos materiales de suelo presentan mecanismos de amortiguación ligeramente diferentes. Los suelos deportivos de PVC suelen emplear una estructura multicapa, donde la amortiguación se logra mediante una capa espumada; los suelos deportivos de madera maciza se apoyan en una estructura elevada con largueros, aprovechando la cámara de aire y la elasticidad natural de la madera para absorber los impactos; mientras que los suelos de caucho consiguen la amortiguación gracias a la alta elasticidad inherente al propio material.
La eficacia de la amortiguación se mide habitualmente mediante la tasa de absorción de impactos. Cuanto mayor sea esta tasa, mayor será la capacidad del suelo para absorber la energía del impacto. La Asociación Internacional de Suelos Deportivos recomienda que los suelos deportivos profesionales alcancen unos niveles mínimos de absorción de impactos para garantizar la seguridad de los atletas

