El rendimiento del suelo deportivo está directamente relacionado con el riesgo de lesiones de los atletas. Elegir un suelo deportivo adecuado es una medida fundamental para la prevención de lesiones deportivas.

El esguince de tobillo es una de las lesiones más frecuentes en los deportes de pelota. Las propiedades de absorción de impactos y restitución de energía del suelo son esenciales para la protección del tobillo.
Las lesiones de rodilla también son un problema habitual entre los atletas. Las características elásticas del suelo influyen en la distribución de cargas sobre la rodilla. Un suelo demasiado duro o demasiado blando puede incrementar el riesgo de lesiones en esta articulación.
La fascitis plantar es una lesión común entre los corredores de larga distancia. La capacidad de amortiguación del suelo reduce la presión sobre la planta del pie, disminuyendo la incidencia de fascitis plantar.
Las propiedades antideslizantes del suelo están estrechamente vinculadas a las lesiones por resbalón. Una resistencia al deslizamiento insuficiente puede provocar caídas y lesiones, mientras que una resistencia excesiva puede causar esguinces articulares.
La planitud del suelo también afecta al riesgo de lesiones. Un suelo irregular puede hacer que el atleta pierda el equilibrio durante la práctica deportiva, incrementando el riesgo de caídas y torceduras.
Las exigencias de rendimiento del suelo varían según la disciplina deportiva. El baloncesto requiere una buena absorción de impactos y restitución de energía, la gimnasia necesita un suelo más blando, y el levantamiento de pesas requiere un suelo duro y estable.

