La capacidad del suelo deportivo para proteger el cuerpo de los atletas reside fundamentalmente en su diseño estructural de amortiguación científica. Comprender el principio de amortiguación ayuda a elegir mejor el producto adecuado para cada disciplina deportiva.

El principio básico de la amortiguación consiste en absorber y dispersar la energía del impacto mediante materiales elásticos. Cuando un atleta aterriza tras un salto, el pie ejerce una fuerza descendente sobre el suelo, y este, a través de su propia deformación elástica, absorbe parte de esa energía y la libera de forma gradual, en lugar de transmitir toda la fuerza del impacto directamente al cuerpo.
La estructura de amortiguación del suelo deportivo se divide habitualmente en tres capas. La capa superficial es una capa dura de desgaste, encargada de proporcionar una superficie de juego estable y rendimiento antideslizante; la capa intermedia es una capa de amortiguación elástica, que constituye el núcleo del sistema de amortiguación; y la capa inferior es una capa de soporte, responsable de distribuir uniformemente la fuerza residual sobre la base del suelo.
Las propiedades de amortiguación varían según el material. El PVC espumado presenta una buena capacidad de recuperación elástica y de restitución tras la compresión, siendo adecuado para deportes que requieren saltos frecuentes. El caucho, por su parte, ofrece una mayor tasa de absorción de energía, siendo más apropiado para gimnasios y zonas de entrenamiento de fuerza.
La estructura de amortiguación de los suelos de madera con instalación flotante es aún más compleja. Mediante largueros, almohadillas elásticas y una cámara de aire, se forma un sistema elástico completo. Al aterrizar, todo el sistema se deforma de forma coordinada, distribuyendo la fuerza del impacto sobre una superficie más amplia y reduciendo así la presión por unidad de área.

