En algunos recintos deportivos equipados con sistemas de marcador electrónico, pantallas LED y equipos de entrenamiento de precisión

la propiedad antiestática del suelo no debe pasarse por alto. La acumulación de electricidad estática no solo puede afectar al funcionamiento normal de los equipos, sino también causar molestias a los atletas.
Durante la práctica deportiva, la fricción entre el cuerpo humano y el suelo puede generar electricidad estática, sobre todo en entornos secos. Si el suelo no cuenta con función antiestática, la carga se acumulará en la superficie y, al entrar en contacto con equipos metálicos, las personas pueden experimentar una descarga eléctrica.
Los suelos deportivos antiestáticos suelen incorporar componentes conductores en su material, como fibra de carbono o cargas conductoras, que permiten que la electricidad estática se disipe a través del suelo hacia tierra, evitando así la acumulación de carga. La resistencia superficial de este tipo de suelos se controla habitualmente dentro de un rango determinado, de modo que libera eficazmente la estática sin que una conductividad excesiva comprometa la seguridad.
En los pabellones de baloncesto, los marcadores electrónicos, los cronómetros y los sistemas de repetición de vídeo dependen de un entorno eléctrico estable. Si la estática interfiere con las señales de los equipos, puede provocar errores en los datos o fallos del sistema. Por ello, los pabellones profesionales suelen optar por suelos con función antiestática.
Los equipos electrónicos de los gimnasios, como cintas de correr inteligentes o bicicletas de spinning, también son susceptibles a la estática. La interferencia estática prolongada puede acortar la vida útil de los equipos y aumentar los costes de mantenimiento.

