La temperatura superficial de un suelo deportivo afecta directamente al confort de los atletas y al rendimiento de los materiales.

Un suelo frío (por debajo de 15°C) endurece los músculos de las piernas, aumentando el riesgo de desgarros. Un suelo caliente (por encima de 30°C) ablanda los barnices y reduce la fricción.
Los suelos de madera tienen una conductividad térmica natural de aproximadamente 0.15 W/mK, lo que los hace cálidos al tacto en invierno y frescos en verano. Los sistemas de calefacción radiante integrados bajo el suelo deportivo pueden mantener una temperatura constante de 18-22°C, optimizando tanto el confort como las propiedades mecánicas del pavimento.
En los suelos de PVC, la capa de espuma integrada actúa como un aislante térmico, reduciendo la pérdida de calor hacia el subsuelo en un 40%. Esto es especialmente importante en pabellones sin climatización, donde la diferencia de temperatura entre el suelo y el aire puede superar los 10°C.
La regulación térmica no es un lujo, sino una necesidad para garantizar la seguridad y el rendimiento deportivo durante todo el año.

