La deformación vertical mide cuánto se hunde el suelo bajo un impacto estandarizado.

Es una métrica que complementa la absorción de impacto: un suelo que absorbe mucho pero no se deforma apenas no sirve de nada, porque la energía no tiene dónde disiparse. El estándar DIN exige una deformación mínima de 2.3 mm bajo una carga de 1500 N.
Sin embargo, demasiada deformación es tan peligrosa como muy poca. Un suelo que se hunde excesivamente genera inestabilidad, como correr sobre un colchón. El rango óptimo se sitúa entre 2.3 y 5 mm, un equilibrio calculado con precisión para que el atleta sienta firmeza bajo los pies sin que sus articulaciones reciban el golpe completo.

