El componente que más sufre en un suelo deportivo no es la madera visible

sino las almohadillas de caucho ocultas bajo ella. Con cada salto y cada paso, el caucho se comprime y se expande. Tras años de uso, este material sufre «fatiga por compresión», perdiendo su capacidad de recuperar su forma original y volviéndose tan duro como una piedra.
Cuando esto ocurre, el suelo pierde su tasa de absorción de impactos, aunque la superficie siga pareciendo nueva. Para mitigar esto, los fabricantes utilizan caucho de celda cerrada de alta resiliencia y polímeros termoplásticos que resisten la degradación por ozono y calor. En los sistemas modulares, estas almohadillas están diseñadas para ser reemplazadas individualmente, extendiendo la vida útil del sistema sin necesidad de cambiar la madera.

