Durante un partido intenso, la fricción de cientos de zapatillas de goma contra la superficie genera una cantidad significativa de calor.

Si el suelo no tiene la capacidad de disipar esta energía térmica, la temperatura superficial puede elevarse varios grados, ablandando el barniz y alterando el coeficiente de fricción.
La madera de arce y los sistemas multicapa de PVC poseen una alta inercia térmica y conductividad específica que les permite absorber y redistribuir este calor rápidamente hacia la cámara de aire inferior. Además, los barnices de poliuretano de alta gama están formulados para mantener su coeficiente de fricción constante incluso ante fluctuaciones térmicas de hasta 10 grados. Esta estabilidad térmica garantiza que la cancha ofrezca el mismo agarre en el primer minuto del partido que en el último, independientemente de la intensidad del juego.

